Mentiras y progreso intelectual de los niños

Existe una relación entre mentiras y progreso intelectual en los niños, la primera vez que miente un niño está dando muestras de que ha dado un paso en su desarrollo intelectual y social. Una mentira simula algo irreal pero no debe confundirse con la fantasía, como cuando los niños juegan a ser un pirata o un héroe de cómic o televisión. Con las mentiras los niños aprenden a engañar a los demás experimentando con sus invenciones y poniéndolas a prueba para comprobar si resultan convincentes. Este hecho es un paso en la superación del pensamiento egocéntrico, en el desarrollo social y en la inteligencia.

Con esto evidentemente no queremos decir que las mentiras sean beneficiosas, el hecho inicial es beneficioso por lo que hemos descrito, pero hay que poner freno en su momento. Las mentiras varían dependiendo de la edad, las primeras mentiras se pueden denominar trolas y su carácter es exploratorio, con ellas los niños adquieren conciencia de sus pensamientos y de su mente, de la posibilidad de compartir o preservar sus pensamientos a voluntad.

Es interesante que los padres puedan reconocer las primeras mentiras o trolas experimentales, y la clave está en la reacción del niño. Seguramente a más de un padre le ha ocurrido que su hijo le ha contado una mentirijilla y cuando ha asentido creyendo lo que le contaba, el pequeño le ha respondido ‘no es verdad, te he engañado’, en este caso podemos comprobar que se trata de una mentira experimental, el niño pone a prueba su mente y habilidad, es un juego que desarrolla su potencial intelectual. Como vemos mentiras y progreso intelectual guardan en un principio mucha relación.

Para los niños, durante los primeros años la frontera de la realidad y la imaginación se delimitan débilmente y fantasean con amigos imaginarios, países de ensueño, hablan con sus juguetes, muñecos, etc., son fantasías pero no mentiras. A los niños en esta etapa infantil no se les puede tratar de mentirosos, como hemos dicho, realidad e imaginación no son conceptos todavía bien establecidos, son actuaciones propias de la edad que no deben ser reprendidas. Los padres debemos comprender y tolerar esta situación pero sin seguir la corriente.

Durante los primeros años la permisibilidad de los padres es mayor, esas trolas iniciales son aceptadas, pero conforme el niño crece y se desarrolla, también evolucionan las mentiras y los motivos de utilizarlas, realidad e imaginación se han definido mejor y las mentiras nacen fruto de otras influencias, un ejemplo sería el miedo a sufrir una regañina o un castigo infantil. En esta etapa, al detectar la mentira se debe buscar el motivo real por el que el niño ha mentido y procurar introducirle las normas de conducta sin ser muy rígidos y demostrándole que el refrán tiene sentido “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”.

En algunos casos los niños son mentirosos compulsivos, mienten por cualquier cosa, una de las causas de este tipo de actuación es llamar la atención buscando afecto, por lo que no es recomendable llamarle mentiroso, hay intentar que explique por qué actúa de ese modo e intentar hacerle comprender que es una conducta que no está bien. Son muchas las causas por las que se pueden decir mentiras y en ocasiones el origen de ello es la falta de atención que recibe por parte de su entorno y concretamente de los padres.

Recordemos que los padres somos el ejemplo a seguir por los niños, somos su modelo y por ello debemos ser siempre sinceros, nuestra comprensión es fundamental y saber discernir cada etapa evolutiva del niño nos proporcionara las claves para brindarle el mejor trato. Por norma general, poco a poco el niño dejará de decir mentiras y ya no las utilizará con los propósitos mencionados.

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